-¿Qué quieres que haga ¡¡qué!!?.
Me había reunido en una cafetería con mi compañero Juan, bueno, más que compañero, amigo. Habíamos ido juntos al instituto y estudiado la carrera. Hacía unos días me había llamado y habíamos quedado en vernos.
-Lo que has oído... yo te lo propongo, y en paz.
La verdad es que la proposición se las traía. Nada más llegar a la cafetería me había dado un par de besos y habíamos pedido la consumición. y él había ido al grano, directo. como es siempre.
-Mira, Rosa... todavía recuerdo cuando en el viaje de fin de carrera me comentabas que tu mayor fantasía era ser gogo en una despedida de soltero, ahora te doy la oportunidad. pagándote claro.
-Oye, rico... ¿tú te crees que yo soy una puta, o qué?
-Mira, no quería ofenderte. sólo que supieras que te preferimos a ti antes que a una profesional.
-Pero. vamos a ver. ¿quién se casa?
-Sebas.
Joder. Sebas. un antiguo novio mío en la carrera. un auténtico gilipollas machista que creía que si un tío se va con todas las tías que quiere es un macho y si el caso es una tía, es una puta. además, tenía la mano muy larga.
-¿Y se casa con.?
-Estela, la del año por delante de nosotros.
Estelita, la llamaban, una pijita que en su vida había roto un plato y que iba virgen al matrimonio a los 25 años. El bestia y la bellita.
-Pues no me anima mucho la idea.
-Vamos, ya sé que no te cae bien Sebas... pero hazlo por el resto de muchachos. anda, hazlo por mí.
¡Cielos!, cada vez que me miraba con esos ojos azules me derretía por debajo. él y otros 9 compañeros de carrera. ¡¡Mmmmhh!!
-De acuerdo... pero yo pongo condiciones...
-Las que quieras... las que quieras.
-Primera: cuando llegue, todos, todos, tenéis que estar en pelotas.
-¡¿Quéé?!
-... segunda: la calefacción al máximo, y tercera: .¿Cuánto estáis dispuestos a pagarme?
-. pues. unas 50.000 pesetas
-. Pongamos 150.000...
-¡Joder!.
-Yo no soy una gogo corriente. antes del día de la despedida me traes el justificante de ingreso de ese dinero en una ONG que yo te indicaré. así sólo se podrá decir que lo hice por amistad hacia ti y no por dinero.
-Eres la leche, Rosa -y para ratificarlo me dio un beso en la mejilla. ¡¡Mmmmhhh!!. me volvía loca.
-¿Por cierto. en la despedida, de las chicas irá alguna que conozca yo?.
-Creo que va Jimena. ¿No era amiga tuya?
-Sí. ¡¡Ah!!, y una cosa más.
-¿El qué?.
-Espero que ninguno de vosotros tenga alguna mierda de ETS; pero por si las moscas me gustaría ver unos análisis y que os abstuvierais de cosas raras antes, y decidle a Sebas que como se le ocurra algún comentario gracioso de putas, zorras, etcétera., cojo la puerta y os matáis a pajas. ¿Estamos?
-Estamos, estamos.
Seguimos hablando un poco y me acompañó hasta mi casa. Allí, en la soledad, maquiné un plan. Sebas me hizo un montón de daño; yo no soy rencorosa, pero. había que darle un pequeño escarmiento. así que llamé a Jimena. Primero le hice partícipe de mi plan y accedió encantada. Luego llamé a Jonah, mi amigo afro americano. Mi plan estaba completo... así que me preparé para el gran día.
Esa tarde me duché y me maquillé de manera muy ligera; me peiné hacía detrás con gomina y me puse el traje de "faena": Un corpiño blanco con liguero, medias blancas y un tanga -encima del liguero-, para que me fuera más fácil quitármelo. Encima, un abrigo gris perla, largo, recuerdo de un viaje que hice a Praga.
Me miré en un espejo. Sólo se veía el final de mis medias y mis zapatos de tacón. Por último, llamé de nuevo a Jimena, a Jonah y a Juan. A este último le dije que en una hora estaría allí y que esperaba que mis condiciones sería cumplidas. Me tranquilizó diciéndome que todo estaría preparado y que no me preocupara.
Puesto que la suerte estaba echada llamé a un taxi y le di la dirección del chalet en la sierra donde se realizaba. Más de una vez se le iba la vista al taxista a mis muslos, así que le dije:
-Si seguís atento a mis curvas, y no a las de la carretera... terminaremos en la cuneta.
El hombre se sonrojó y no separó la vista de la carretera hasta que llegamos a la entrada empedrada del jardín del chalet. Me acerqué a la puerta y llamé. Me abrió Enrique, un colega de la facultad. Sus ojos tenían el brillo de alcohol. Me besó en la mejilla y me dijo:
-¡¡¡Qué guapa estás!!!
Desde luego, en la casa hacía ya un calor tremendo, y Enrique ya estaba desnudo, con su miembro apuntando hacia el techo. Cuando llegué al salón apareció ante mis ojos el espectáculo más increíble para mujer alguna: 9 tíos desnudos, con sus pollas tiesas, esperándome a mí. ¡¡¡Diez tíos en total para mí sola... ¡¡¡increíble!!! ¡Uuff!
Fui saludándoles dándoles un beso en la mejilla a cada uno. La mayoría eran compañeros de carrera. Dejé al homenajeado el último: Sebas, mi antiguo novio. Me acerqué insinuante a él, abriéndome lentamente el abrigo, poco a poco. El resto de tíos comenzó a animar a gritos y silbidos. Me acerqué a un palmo de su cara.
-Hola, Sebas. hace mucho, mucho tiempo.
-Hola, Rosa. estás muy guapa. ¿No me vas a dar un beso?
Acerqué mi boca a la suya y comencé a morrearme con él, con lujuria, metiendo mi lengua en su boca y enlazándome a su lengua, un beso húmedo y sexual. Al tiempo, bajé mi mano hasta su rabo y lo agarré: duro como una roca. Me separé de él diciendo:
-Mmmhh. veo que te alegras de verme.
Con un movimiento de hombros me desprendí del abrigo, cayendo al suelo.
-Bueno chicos. Creo que es hora de empezar el espectáculo... ¿no?
Mi pregunta fue contestada por un rugido enorme de satisfacción; en un momento me encontré rodeada de tíos vociferantes, en pelotas y muy calientes. Sus manos empezaron a recorrer mi cuerpo y, en un momento, mi tanga desapareció. de pronto la voz de Juan tronó en el salón:
-¡¡Un momento tíos, un momento!! ¡El derecho de usar primero a esta belleza es de Sebas, el pobre, que no sabe lo que se hace!.
Con un rugido de alegría ratificaron sus palabras. Todos se separaron de mí y Juan me entregó a Sebas que, agarrándome con fuerza, me comenzó a besar de manera salvaje y húmeda. Yo correspondí a su beso pero me desasí de él.
-No, no, Sebas. Tienes que ser buen chico y dejarme hacer a mí.
Me acerqué lentamente de nuevo hacía él con una sonrisa pícara. Todos estaban a mil, gritando y jaleándole. Llegué hasta él y me coloqué en cuclillas, agarré con mucho cuidado su pene y comencé a acariciarlo con mi lengua: primero, la punta y el meato, en círculos, muy, muy pequeños. después desciendo con mi lengua hasta el pliegue del prepucio y lo recorro en círculos. todo muy lentamente.
En ese momento Sebas se apoyaba en la mesa con las dos manos y boqueaba. ya no oía los gritos... éramos él y yo. Descendí con la lengua por el balano hasta llegar a los huevos.
Ahora me dejo de suavidades y de un golpe me meto la tranca hasta que su pubis golpea en mi nariz y me dedico a la polla como una posesa. succiono, chupo y juego con mi lengua. Siempre he dicho que uno de los mayores placeres del mundo es chupar una buena polla rato y rato. me encanta su sabor. entendedme, no que sepa a orina, sino a. polla.
Desgraciadamente Sebas siempre había sido un poco precoz. no llevaba ni un minuto y un espeso borbotón me empezó a llenar la boca. Tragué este primer golpe de crema y sacándome el pene de la boca comencé a dirigir los escasos chorros que le quedaban a mi escote, que siempre me ha gustado sentir.
En ese momento volví a la realidad; todos los tíos gritando como locos y dando golpecitos en la espalda a Sebas... algunos ya se enfundaban sus herramientas en preservativos cuando decidí comenzar a llevar el control de la situación.
-Muy bien chicos. dejad vuestra cosita quieta que aquí mando yo. así que sed buenos y hacedme caso.
A regañadientes se tranquilizaron un poco y me dejaron explicarles en qué iba a consistir mi pequeña sorpresa.
Ellos se debían sentar en una gran mesa redonda cubierta por una larga faldilla, con la que se taparían la cintura. Entonces se pondrían a jugar al póquer.
-¿Parece aburrido... no? Lo bueno viene después. yo me meteré debajo y aleatoriamente me pondré a comer uno de esos hermosos rabos que quedarán ocultos. hasta que se corra.
-La cosa consistirá en que si el "comido" hace algún gesto que denote el acto. perderá y se levantará de la mesa. sólo quedará uno... y ese tendrá el privilegio de follarme el primero, ya que el novio ha perdido ese privilegio.
A todos les pareció una idea fenomenal, así que nos pusimos manos a la obra. Me quité los zapatos y me metí debajo de la mesa. Inmediatamente quedé a oscuras. oscuridad que se rompía momentáneamente cuando alguno de ellos metía las piernas. todos reían o hacían algún comentario. finalmente, se oyó la voz de Manu, otro amigo mío:
-Rosa, ya vamos a empezar, golosona. comienza cuando tú quieras.
Atisbé entre el bosque de rabos que se me ofrecía. Escogí uno grueso. Lo agarré con la mano y comencé a pajearlo muy, muy suavemente, mientras que con la otra mano masajeaba suavemente sus pelotas. Cuando creí que ya estaba suficientemente excitado lo dejé y continué con otro.
Hice el mismo tratamiento a los diez y gracias a este sádico (para ellos) entretenimiento, tres tuvieron que abandonar la mesa: Enrique y Toni, por que resoplaron en cuanto les pajeé, y Manu, por sufrió un sobresalto en cuanto comencé con mi actividad pajeril.
Ya sólo quedaban siete. Escogí una polla al azar y de un golpe me la tragué entera, hasta los huevos. En honor de su dueño tengo que decir que no se movió ni un pelo. Mamaba como una posesa, escurriéndose mi saliva hasta el tronco del pene. Seguí un par de minutos hasta que mi boca se empezó a llenar de una crema espesa, cálida y deliciosa. Tragaba mientras mamaba y pajeaba al mismo tiempo y el tío ni se movió. ¿Quién sería? Por fin terminé a lametazos de limpiarle la polla hasta que quedó fláccida en mi mano. Pasé al siguiente.
Bueno, para agilizar las cosas os diré que me pegué el mayor hartón de semen de la historia. Procuraba que la cosa fuera deprisa porque a este paso iba a acabar con el estómago lleno. Pero los tíos aguantaban bien. Tuve que empezar a usar malas artes, de esas que sólo conocemos las mujeres para que se delataran. A pesar de ello, ya tenía que dejar que las descargas fueran a parar a mi cara, a mi pelo, a mi pecho.
Por fin fueron cayendo uno por uno: José Manuel, Antonio, Sebas, Juan (¡qué pena!. me hubiera gustado que me follara él el primero) y Luis. Salí por fin de debajo de la mesa con los músculos entumecidísimos. El afortunado en probar mis húmedas interioridades (a estas alturas de la fiesta estaba mojadísima), sería José.
Cuando salí, debía parecer la auténtica estampa del gang-bang. Empapada cara, pelo y corpiño de cremosa esperma. Dos de ellos, que habían comentado que después de esto no se les levantaría ni para los restos, al verme comenzaron desesperadamente a masturbarse.
-Bien Pepe -le hablé mientras le acariciaba el glande-, puedes tomar posesión de tu premio.
No dijo ni mu. me agarró por la cadera, me puso boca abajo en la mesa y me penetró de un golpe, chapoteando bestialmente. Al momento empezó a gemir y jadear mientras se movía. Lo que pasa es que el pobre ya llevaba mucho conteniéndose y no llevaba ni un minuto follándome cuando se corrió dentro de mí. Noté el calor y los golpes de la corrida en mi vagina. Sonreí satisfecha y ronronee como una gata aunque el polvo no me había proporcionado ni un orgasmo.
Su sitio fue ocupado a empellones por otro. Así comenzó la orgía más fantástica que jamás haya pasado mujer alguna. Un puro gozo. Un pene se corría y de inmediato otro ocupaba su lugar. Era increíble. En un momento los orgasmos me venían como una ametralladora. Ya ni siquiera sabia quien me follaba. ¡Jamás me habían follado así!
Llegó un momento en que paramos un poco para descansar y beber algo. Tenía un aspecto alucinante: Cubierta de arriba abajo por una espesa y goteante capa de crema. de hombre. No había lugar de mi cuerpo que no hubiera quedado cubierto por ese elixir que me volvía loca. Mi vagina era un auténtico rebosadero del que me resbalaba una mezcla de jugos vaginales y lefa que me caía por la cara interior de mis muslos, empapando como una esponja mis medias y llegando incluso al interior de mis zapatos.
Todos los chicos estaban encantados con la fiesta y decían:
-¡¡¡Eres un cielo!!!
-¡¡¡Fantástica!!!.
Bueno, no todos. Sebas me miraba con esa mirada que conocía muy bien: "Eres una jodida puta"... parecía que me decía con la mirada. Yo se la devolví triplicada: "Si supieras.".
De nuevo los chicos comenzaron a animarse, así que continuamos con una nueva sesión de sexo. Como nadie había llamado a mi puerta trasera les animé a ello.
Ya que muchos de ellos jamás lo habían probado, para pronto estuvieron dispuestos. Sebas, por ser el anfitrión, fue el primero. La verdad, de su follada no saqué nada de placer. Me embestía como si fuera el macho más macho de Macholandia. Por fin se corrió y comenzó el disfrute.
Uno tras otro fueron pasando por mi ano como antes los habían hecho por mi vagina. Gemía como una perra en celo cada vez que me penetraban y notaba como el semen comenzaba a acumularse en mis intestinos. Cuando vimos que esa vía estaba explotada, comenzamos a experimentar con los tríos: uno por delante y otro por detrás. Increíble, creía que el útero se me salía por la boca de las corrientes orgásmicas que me recorrían. Estaba tan llena de leche que por un momento creí que se me iba a salir por lo poros. estaba impregnada en semen entera.
Una vez que también pareció que se agotaba esta vía les propuse:
-Puesto que todos son enfermeros... ¡exploren mi interior!
A excepción de Sebas, que parece que le daba asco meter la mano en el esperma de otros, sus colegas no tuvieron tantos remilgos: sus manos comenzaron a desaparecer dentro de mi coño, luego fue en mi culo. Cuando habíamos llegado a un punto en que parecía que el ambiente nos había emborrachado. otros objetos comenzaron a desaparecer en mi interior: llaves, móviles, pañuelos. hasta una botella de coca-cola. pero por el lado ancho y por todos mis agujeros. por todos.
Cuando acabamos por esa vertiente, comenté:
-Estas exploraciones me han irritado... ¡necesito crema en abundancia!
¡Dicho y hecho! Los diez (esta vez Sebas también), volvieron a rellenarme a base de bien.
Para finalizar la fiesta. ¡ducha! Los diez me rodearon y comenzaron a pajearse hasta que reventaron en mí. ¡Mmmmmhhh!. todo esa lefa. espesa, cálida, grumosa.
Por fin acabó. Los chicos cayeron derrengados en donde pudieron. Había llegado mi hora. Me incorporé y multitud de regueros comenzaron a recorrer mi cuerpo y a caer en el suelo. Me había convertido en un pastelillo de crema.
-Bueno, chicos. La fiesta ha terminado para vosotros. Os vestís y os vais. que la fiesta continua para Sebas.
Protestas, peticiones:
-¡Por favor... no! -y cosas por el estilo.
Al cabo de media hora todos estaban vestiditos y salían ordenadamente. Juan era el último. Le susurré una cosa al oído. Sonrió y me contestó otra. Por fin se habían marchado. Estábamos solos: Sebas y yo. Con esa mirada.
-Bueno, Sebas, súbete al piso de arriba y espérame en la cama. Te voy a ofrecer un espectáculo que jamás olvidarás.
Sebas sonrió con una sonrisa socarrona y lanzándome un beso con la punta de los dedos subió hacia arriba. En cuanto desapareció. Cogí mi móvil e hice una llamada perdida. En un momento, alguien llamó muy suavemente a la puerta. Abrí y.
De los bolsillos de mi abrigo saqué unas esposas y subí al piso de arriba. Sebas me esperaba encima de la cama, fumándose un cigarrillo.
-Esclavo. apaga ese cigarrillo -dije mientras le mostraba las esposas.
Miró sorprendido y, de repente, apagó el cigarrillo. Rodee la cama y esposé primero un brazo y luego el otro. ¡Ya estaba a mi merced!
-Sebas. te voy a ofrecer algo que no olvidarás el resto de tu vida.
-Seguro, putilla. siempre supe que era una putilla. Incluso cuando te las dabas de estrecha y alguna vez te tenía que meter en cintura.
Le mostré una cinta de vídeo.
-¿Qué coño es eso?.
-Sebas. tengo entendido que Estela es una chica. ¿cómo diría?. chapada a la antigua. ¿Verdad?. Hasta creo que es virgen. ¿no?
-Sí. ¿Qué coño es eso?. ¿Me has grabado en vídeo?. Vaya una gilipollada. Si te crees que me vas a joder con eso lo llevas de culo. Estela lo comprenderá todo. Sabe que un hombre. tiene que hacer cosas de hombres.
-Ya.
Me acerqué lentamente al vídeo e introduje la cinta; oprimí el play y.
Sebas miraba la pantalla con ojos desorbitados, la saliva se le escapaba por la boca y empezó a soltar una espumilla blanca. ¿Que había en la cinta?. os preguntareis. Yo os lo diré:
Estelita, la remilgada, la abnegada, la virgencita... ¡era la protagonista de la cinta!, tomada directamente esta noche de su despedida de soltera. aunque en el vídeo no demostrara nada de abnegada, remilgada. y de virgen.
En esos momentos mi amigo Jonah la estaba enculando, y otro compañero suyo, negro, la follaba por el coño. La cinta seguía más o menos en la misma tónica: folladas, corridas en la cara, fisting, introducción de botellas. ¡¡¡Toda un película candidata a los Oscar porno!!!
-Pobre Sebas. Es una puñeta pensar que todas las tías son unas putas menos tu chica y darse cuenta que en el fondo.
En ese momento, reventó. Me llamó de todo lo peor. Me amenazó con todo lo amenazable. No tenía ningún miedo. Las esposas estaban sólidamente amarradas a la cama y ésta a la pared. Además, sabia karate, así que.
-Pero no pienses que la noche acaba aquí, Sebas. El espectáculo no ha hecho más que comenzar. ¡Estela, ven!
Sebas abrió más los ojos, si es posible eso. Estela apareció por la puerta, completamente desnuda, el pelo desgreñado y con una mirada un poco vacía. Normal, teniendo en cuenta lo que le habrían echado en la bebida.
-¡Estela, Estela!
Estela le miró con una sonrisa bobalicona.
-Te voy a demostrar que mucha veces tu propia chica puede ser la zorra más grande. machito.
Me giré hacia Estela y la agarré por la cintura. Comencé a besarla en la boca con pasión. Nunca antes había besado a una chica, pero por joder a Sebas estaba dispuesta a todo.
Al principio Estela se mostraba reticente, pero luego comenzó a corresponderme. Le comí los pezones como a mí me gusta que me hagan. Cuando comencé a comerle la almeja, los gritos debían oírse en toda la casa. Tuvo un orgasmo bestial. Sebas lloraba desconsoladamente. Pero la cosa necesitaba de una apoteosis total. Me puse en pie. Tenía el cuerpo cubierto por la lefa de 10 tíos y todos mis agujeros rebosantes. Se había empezado a secar, formando una costra. Miré a Estela y le ordené:
-Estela. límpiame. ¡con tu lengua!
Creo que Sebas ni se dio cuenta ya de esto, tal era su estado de histerismo. Estela comenzó a limpiarme con la lengua: cara, pechos, piernas. De vez en cuando se detenía para tragar el semen que se acumulaba en su lengua. Finalmente comenzó a comerme el coñito, bebiéndose su contenido, y terminó con el ojete introduciendo la lengua para acceder mejor a la crema. Aquí me arrancó un par de orgasmos fenomenales.
Cuando me repuse, Sebas se había desmayado y Estela dormitaba en la moqueta del suelo. Me recompuse un poco y me desnudé. Comencé a ducharme mientras examinaba la noche.
Jimena había propuesto llevar a un pub a Estela a tomar algo, pub en el que estaba Jonah y su colega. Después de verter la droga en su bebida, comenzaron a montar el numerito, que fue grabado en vídeo por Jimena. Para rematar, Jonah y Jimena llevaron en coche a la adormilada Estela hasta la casa y esperaron a que los demás chicos salieran. Una vez hecha la llamada convenida, me dieron la cinta de vídeo y a Estela. El resto es historia. Me terminé de duchar y me vestí con la ropa que me trajo Jimena, no sin antes depositar las llaves de las esposas para que Estela liberara a Sebas al despertar. Guardé mi ropa sucia en una bolsa y llamé a un taxi a que me buscara. Cuando salí de la casa, era aún de madrugada.
Epílogo
En contra de lo que pensaréis algunos... ¡Sebas y Estela se casaron! Se fueron a vivir fuera de Madrid.
Por lo que oído ahora, Sebas, tan macho él, es un calzonazos, y su mujer, Estelita, lleva la batuta en todo. en todo. Creo que es muy asidua de los pubs liberales de su ciudad.
No limpié la ropa. es un recuerdo muy dulce. muchas veces me pongo el corpiño reseco y me masturbo hasta caer desmayada.
¡Ah!. y Juan y yo nos fuimos una semana a una casa en los Pirineos. ¡¡¡No salimos para nada de la casa en una semana
|